jueves, marzo 03, 2011

U por PABLO DE ROKHA




Soy el hombre casado, yo soy el hombre casado que inventó el
[matrimonio;
varón antiguo y egregio, ceñido de catástrofes, lúgubre; hace mil años, mil años hace que no duermo cuidando los chiquillos
[y las estrellas desveladas; por eso arrastro mis carnes peludas de sueño encima del país gutural de las chimeneas de ópalo.

Dromedario, polvoroso dromedario,
gran animal andariego y amarillo de verdades crepusculares, voy trotando con mi montura de amores tristes...

Alta y ancha rebota la vida tremenda sobre mi enorme lomo de toro;

el pájaro con tongo de lo cuotidiano se sonríe de mis guitarras ten-
[taculares y absortas; acostumbrado a criar hijos y cantos en la montaña, degüello los sarcasmos del ave terrible con mis cuchillos inexistentes, y continúo mis grandes estatuas de llanto;
los pueblos futuros aplauden la vieja chaqueta de verdugo de mis
[tonadas.

Comparo mi corazón al preceptor de la escuela del barrio, y papiroteo en las tumbas usadas
la canción obscura de aquel que tiene deberes y obligaciones con lo infinito.

Además van a orillas mías los difuntos precipitados de ahora y sus
[andróginos en aceite; los domino con la mirada muerta de mi corbata, y mi actitud continúa encendiendo las lámparas despavoridas.

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