viernes, octubre 07, 2011

CANCION DE OCCIDENTE por GEORGE TRAKL



Oh, vuelo nocturno del alma;
como pastores fuimos otrora hacia bosques
crepusculares,
y nos seguían el rojo venado, la verde flor y el
manantial balbuciente
con humildad. Oh, la melodía antiquísima del grillo,
sangre floreciendo en el altar de los sacrificios,
y el grito del ave solitaria sobre la verde calma del
estanque.
Oh, cruzadas y ardientes martirios
de la carne, caída de frutos purpúreos
en el jardín crepuscular, por donde en otros
tiempos pasaron los piadosos discípulos,
guerreros ahora, despertando de heridas y sueños
estrellados.
Oh, el dulce manojo de ancianos por la noche.
Oh edades de silencio y áureos otoños,
cuando nosotros, monjes apacibles, prensábamos la uva
purpúrea;
y en torno brillaban colina y bosque.
Oh, cacerías y castillos; quietud del atardecer
cuando el hombre meditaba en su aposento acerca de lo
justo
o con muda oración combatía por la cabeza viviente de Dios
Oh la amarga hora del ocaso,
cuando contemplamos un rostro pétreo en negras
aguas.
Pero resplandecientes abren sus párpados argénteos
los amantes:
una estirpe. Incienso mana desde almohadones,
rosados,
y el dulce canto de los resucitados.

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