martes, julio 26, 2016

EL SALMO ES MIO por LEON FELIPE


 


Y la España que se llevó la canción, se llevó el salmo también.  
Jamás oí en las catedrales españolas un salmo afilado que se pudiese clavar en el cielo, en la tierra o en la carne del hombre.  
Y siempre me preguntaba al entrar en las iglesias: ¿dónde estará el salmo? ¿dónde le habrán escondido los canónigos?  
Durante el expolio de la última guerra española, lo encontré.  Lo habían guardado los sacristanes en una vitrina y allí lo retenían como un idolillo inútil ya y sin sentido, para que lo contemplasen la erudición eclesiástica, los poetas pedantes y los turistas.  
Me lo llevé.  Entonces me lo llevé.  Al final ya de la contienda, allá por los últimos días del año 1938, cuando los 'rojos' se habían ya incautado de las iglesias y de los ornamentos sagrados (de los utensilios y los cubiletes de los malabaristas y de los mercaderes del templo), y me llevé el salmo.  
Denunciadme al Sumo Pontífice, dadle mis señas, mostradle mi cédula (este libro es mi cédula).  
Decidle que es que va aullando en la ráfaga negra del Viento, por todos los caminos de la Tierra... es el salmo.  Y que no me lo llevo, que me lo llevo en mi garganta, que es la garganta rota y desesperada del hombre a quien él ha dejado sin altar y sin tabernáculo.  
No me lo robo.  Me lo llevo... ¡lo rescato!  El salmo es mío... ¡del poeta!  El salmo es una joya que les dimos en prenda los poetas a los sacerdotes.  
¡Fue un préstamo!  
Y ahora me lo llevo.  
Cuando los arzobispos bendicen el puñal y la pólvora y pactan con el sapo iscariote y ladrón... ¿para qué quieren el salmo?  
El poeta lo rescata...  se lo lleva, porque el salmo es del poeta... ¡Mío!... ¡El salmo es mío!



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